En mi opinión, tal y como la profesora Ortega nos recuerda en su aportación al blog, no hay nada que reprochar a las palabras de Brofennbrenner cuando parte de las relaciones interpersonales para comprender los problemas que afectan al ser humano. Y la convivencia no es otra cosa que la gestión de estas relaciones para que aquellos problemas que inevitablemente surgen entre las personas, se resuelvan de la manera más satisfactoria para los implicados.
En el caso de la convivencia que desde LAECOVI venimos trabajando, el foco de interés se centra en aquella que se establece en la escuela. Sin embargo, el apellido escolar no implica que el origen de los problemas que derivan de la convivencia se den sólo dentro de los límites físicos del centro educativo, ni que la solución a estos problemas, sea responsabilidad únicamente de los profesionales de la enseñanza.
Sinceramente creo que, para conseguir logros en la convivencia escolar, debemos olvidar la idea de que la tarea de la convivencia es como un pastel que se reparte entre cada uno de los grupos de la comunidad educativa. La tarea es una sola y es lo suficientemente compleja como para que no se divida en diferentes partes, sino que todos debemos trabajar cooperativamente en los mismos asuntos. Esto no niega la necesidad de situar al colectivo del profesorado, como figura coordinadora de este empeño, ya que la formación profesional que se le presupone, lo autoriza para ello.
Así, desde los centros educativos, afloran infinidad de iniciativas dirigidas a mejorar el clima de nuestras escuelas, haciendo hincapié en uno o varios aspectos de la convivencia pacífica y democrática. Estas iniciativas suelen recoger la necesidad de trabajar por la mejora de la convivencia de forma conjunta, aunando las fuerzas de todos y cada uno de los miembros de la comunidad escolar y, a estas alturas, ya nadie negaría la importancia, por ejemplo, de que el entorno familiar es un factor clave en el desarrollo integral de los escolares y en la forma en la que éstos se relacionan con los demás. Pero… ¿pensáis que esta afirmación está realmente acompañada de actuaciones donde padres y madres sientan que realmente tienen un papel protagonista? ¿desean las familias verdaderamente involucrarse de forma activa en el proceso de aprendizaje de sus hijos e hijas? ¿somos conscientes de la complejidad de esta opción?
Sabemos que nadie está exento de responsabilidad en esta labor que avisto pendiente, sin embargo, tradicionalmente la pata que más ha cojeado ha sido el colectivo de padres y madres, que por dejadez propia o por falta de consideración desde los centros, han permanecido en un segundo plano, lo que explica que su visión de la realidad escolar suela diferir de la que tienen aquellos que conviven en el centro. Soy consciente de que las familias, por sí solas, son un agente socializador por excelencia, pero sería un gran factor de calidad que junto a la escuela coordinaran sus empeños educativos. Paralelamente, al hecho de la participación familiar en los centros educativos, existe el debate sobre el tiempo que las familias invierten en la educación de sus hijos, surgiendo el dilema entre la calidad y la cantidad de tiempo invertido en el mismo. Mi pregunta y mi inquietud es, cómo conseguiríamos que toda la comunidad educativa se implicase de forma efectiva y cooperativa en el fomento de las relaciones interpersonales como base de una buena convivencia escolar, si está compuesta de tantos matices y percepciones diferenciadas…

